Exposición Jesús del Pozo: seis problemas.

Esta semana quiero contaros la gran decepción que supuso para mí visitar el viernes pasado la exposición de Jesús del Pozo en la Sala de Exposiciones del Canal de Isabel II. A pesar de la ilusión con la que me desplacé hasta allí, como os digo, no fué una gran exposición y sinceramente no sé que pudo fallar.

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Hablar de Jesús del Pozo es hablar de uno de los grandes genios del diseño de nuestro país. Inició su andanza profesional en 1974 con la inauguración de su primera tienda en la calle Almirante basada en moda masculina. Con su primera colección de mujer consiguió la Aguja de Oro en 1980. Fundador la Asociación de Creadores de Moda de España en 1998 ganó la medalla de Oro al Mérito en las Bellas artes, convirtiéndose en el primer diseñador galardonado con dicho premio.

Creo que no es necesario que os explique más sobre quien es Jesús del Pozo y la importancia de su trabajo porque es de sobra conocido. Vamos a hablar entonces de la comisaria de la exposición, y responsable del resultado de la misma, Esperanza García Claver. Estudió en la Universidad de Salamanca Historia del arte e hizo un máster posteriormente de Museografía y Exposiciones en la Universidad Complutense de Madrid, a parte del Máster en Comunicación de Moda de Vogue. Ha trabajado en numerosos e importantísimos centros y museos como el Reina Sofía, el Prado, la galería Helga de Alvear, ARCO, La Fábrica, el Museo del Traje y un largo etcétera. No sólo contenta con eso también ha dirigido la comunicación y RR.PP de la Fundación Jesús del Pozo…por tanto ante este abrumador curriculum de éxitos sólo puedo quitarme el sobrero, yo daría un brazo por tener su experiencia.

Pero entonces…¿qué problema ha habido con esta exposición? Con un tema como un gran diseñador como Jesús del Pozo y una comisaria con sobradísima formación y experiencia, la exposición no funciona. Tampoco podemos culpar a la sala ya que es una gran localización para una exposición de éste tipo, un espacio diáfano y redondo dentro de una antigua torre. Si el tema es bueno, la comisaria una gran profesional y el espacio es adecuado ¿que ha fallado?

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Primero, la iluminación es completamente insuficiente para ver las piezas, y también para evitar partirte una pierna intentando caminar por la sala. La exposición está organizada en círculo en torno a una escalera que apenas tiene iluminación y al rededor de la cual se disponen los trajes que desarrollan el discurso expositivo. Ya que subir la escalera es toda una aventura, bastante gente en la sala lo comentaba, se pierden los magníficos trajes principales que hay que verlos desde abajo o desde arriba sorteando las vigas que sustentan el espacio.

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Segundo, y que viene unido a lo que ya inicio en el párrafo anterior, el discurso expositivo. Teniendo en cuenta que las claves de la exposición hay que vislumbrarlas (o imaginarlas) si quieres conservar tu salud física, confías en que las explicaciones de cada uno de los pisos sean buenas, pero tampoco es el caso. Además de ser explicaciones algo simples también cambian la orientación del paseo para ver la exposición de derecha a izquierda y viceversa. Claro, cierto es que la idea es encontrarse los carteles explicativos según vas subiendo por la escalera y no subiendo por el ascensor como hice yo. También es cierto que era completamente imposible subir por la escalera ya que acompañaba a una persona con minusvalía en la vista. Si ya era difícil para mi enfrentarme a subir una escalera a oscuras para contemplar los trajes expuestos, imaginaros para ella. Muy, bien, aclarado esto, yo y mi acompañante subíamos por el ascensor, teníamos que dar la vuelta a la exposición para llegar al descansillo donde paraba la escalera y leer una corta explicación. Esto me lleva al tercer problema, las cartelas.

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Tercero, las cartelas. ¿Cartelas? ¿Quien ha dicho que son necesarias las cartelas? En la exposición de Jesús del Pozo son inexistentes. Bueno, para ser justos, existen en el panfleto de la exposicón, que hay que leer a oscuras y con una letra ínfima. Pero no contentos sólo con esto, ni siquiera los trajes están numerados. Por lo que hay que buscar la planta donde estas y encontrar, contando tu mismo los trajes, el número que pertenece a la prenda de la que te quieres informar. Todo muy cómo y práctico.

Cuarto, peanas rotatorias. Además de la inexistencia de cartelas tampoco pude ver ni una sola peana que rotase y mostrase las prendas como es debido, a pesar de que han estado presentes en todas las exposiciones de moda que he visto en Madrid. Muchos de los trajes necesitaban de esa peana que rotase o estar en medio del espacio porque era tan importante la parte delantera como la trasera. Para verlo al completo había que hacer equilibrios sobre una pierna para asomarse a la parte oculta del traje, que por otro lado también estaba oscura. Los únicos trajes que podían verse  en 360º eran aquellos situados en medio de la escalera de caracol…siempre que te embarcases en la aventura de subir la escalera a oscuras.

Quinto, la moqueta. No entiendo porqué una exposición con trajes delicadísimos, algunos incluso hechos de papel, se encuentran en una sala con una moqueta que suelta polvo y ácaros (sin contar la humedad que puede absorber si lloviese). Pero entiendo menos que haya optado por esta opción la comisaria habiendo estudiado un máster en Museografía, en el cual se da una asignatura llamada “Conservación”. Yo no he hecho dicho máster y soy consciente del problema que puede implicar para el correcto mantenimiento de los trajes.

Y por último, sexto, las escaleras del tramo superior. A la cuba o ático que corona el edificio, y última parte de la exposición, a la cual no llega el ascensor, hay que acceder a ella a través de unos escalones que llegan casi a la altura de la rodilla (en mi caso que mido 1,74, una altura de la que no esta dotada todo el público). Si a mi acompañante le costó teniendo sólo el problema de subir a oscuras con su deficiencia de visión, no se cómo lo hizo una anciana octogenaria que también estaba visitando la exposición y que claramente no llegaba a medir 1,70.

Sinceramente, no entiendo porque una persona tan preparada como Esperanza García Claver ha podido montar una exposición con seis defectos tan importantes. Y si no ha sido un problema suyo, si no de la financiación, también van mis críticas a la Comunidad de Madrid, prefiero pagar algo de dinero por la entrada a ver una exposición chapuza. Una exposición de un modisto de la talla de Jesús del Pozo no puede hacerse de cualquier manera. Y desde luego, que no se atrevan a decir que es una exposición que puede visitar todo tipo de público. El visitante debe estar dotado de buena vista, agilidad y 1,70 de altura como mínimo, absténgase inválidos, ciegos, patosos y bajos. Siento hacer esta crítica y siento haber salido tan decepcionada, ya que mis anteriores experiencias de exposiciones de firmas como las de Yves Saint Laurent, Jean Paul Gaultier o Givenchy entre otras fueron más que reconfortantes.

Para aquellos que estén en las condiciones físicas de visitar la exposición, podéis embarcaros en la aventura hasta el 23 de octubre y disfrutar, o por lo menos intentarlo, del gran talento de Jesús del Pozo.

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Modamorfosis: El traje masculino y su introducción en la moda femenina

¡Por fin! ¿Ya iba siendo hora que les tocara a los chicos no? Hay que ser solidarias, y no sólo por solidaridad si no porque a mi el traje masculino me encanta, y su aplicación a la moda femenina ya me alucina. Empezaré explicando como nace el traje, sí, ese que os ponéis para trabajar o para ir de boda, para continuar como fue incluyéndose en la moda femenina a partir del siglo XIX.

El traje masculino del siglo XVIII y XIX

El inicio de esta importante prenda, tal y como lo conocemos hoy, nace nuevamente con Luis XIV. Nace la casaca, que era una chaqueta larga con mangas, abierta por delante con adornos de pasamanería y bordados. El antiguo jubón renacentista, que era una chaqueta corta que se acompañaba de los calzones, se transforma en el chaleco. Y también nace el inicio de un importantísimo complemento masculino: la corbata, denominada la cravette, que era la característica tira de encaje y muselina que los hombres de la corte del rey Sol se anudaban al cuello.

Eliminando alguna chorrera de aquí y de allá, así como las decoraciones floridas en los trajes del siglo XVIII, nacerá el frac en el siglo XIX. Y, gracias a dios, se establece el pantalón largo, porque con los calzones del XVII llevabais todos una pinta realmente ridícula. Quiero apuntar que el estampado florido rococó llegará a desaparecer del vestuario masculino para aplicarlo sólo al femenino, en especial y con la originalidad de usarse, sobretodo en época contemporánea, para la primavera (de verdad que ya algunas tendencias me aburren). Pero también deciros que hace unos años las flores volvieron al vestuario masculino, y, esto, me pirra. Para los que todavía no se han animado: ¡chicos poneros flores! No deja de ser un estampado que ha sido vuestro hasta hace relativamente poco, no dejáis de ser más machos por atreveros.

A partir del siglo XIX, la tipología básica del traje masculino sufrirá pocas transformaciones a excepción de en la época posmoderna que aparecerá reinterpretado en la moda femenina.

   

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La intodrucción del vestuario masculino en el femenino: El traje sastre y el mono del siglo XIX

Chicos quiero daros las gracias por prestarnos los patrones de vuestros trajes, aunque a veces os invadamos un poco el terreno, porque si no fuera por vuestros patrones, la moda femenina se habría perdido las propuestas de diseño más interesantes y la modernización de nuestro vestuario.

Empezaremos con el traje sastre, que nace de las corrientes higienistas y sufragistas. Estos movimientos lucharon por conseguir mayor confort en el vestuario de la mujer y que facilitara la incorporación de esta al trabajo. Las mujeres modernas, rompedoras, trabajadoras e independientes llevaban traje sastre, que fue el emblema feminista de vestuario hasta hace muy poco. También se empezó a utilizar como el traje de montar a caballo para las señoras. En el siglo XX nacerá lo que conocemos hoy como el traje de chaqueta, que fue el símbolo de la mujer contemporánea. Como Chanel realizará sus míticos trajes tweed y tendrá un gran boom en los años 80 con el traje de chaqueta con minifalda.

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Otro elemento que adaptamos de la moda masculina fue el mono. En el siglo XIX aparecerá la idea de los union suit, creada por los americanos, como la ropa interior característica del oeste (aquella que usaban los hombres para dormir y que tenía una abertura en el pompis). A partir de esto empezaron a desarrollarse los primeros monos de trabajo. Durante la I Guerra Mundial, numerosas mujeres fueron reclutadas para realizar el trabajo de los hombres en las fábricas, ya que ellos estaban en la batalla. En los años 20 empezaremos a usarlos las mujeres como pijama y enseguida dará el salto a ser una prenda exterior. En los años 60, con los hippies, tendrá su mayor popularidad (además de la época actual) y se utilizará como una prenda adecuada para cualquier ocasión. A si que, chicas, ya sabéis que cuando os pongáis monísimas (nunca mejor dicho) y os veáis super femeninas con vuestros monos, pensar que su origen es la de la ropa interior de un poco aseado y rudo vaquero americano.

 

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La semana que viene seguiremos asesoría de imagen estudiando los diferentes tipos de rostros femeninos y masculinos, y que les puede favorecer más en cuanto al peinado, las gafas, el maquillaje o el tipo de barba.

 

Modamorfosis: La influencia del vestido griego

Vamos a continuar con la historia de la moda. Hoy nos ocupa el traje de inspiraciones clásicas. Los tres patrones que os voy a explicar tienen su base en el traje de época griega, son: el Vestido Imperio, el Delphos y los vestidos flapper de los años 20. Todos ellos tienen en común la libertad del cuerpo, el corte sencillo y la utilización de la tela para marcar las líneas del cuerpo. Pero no sólo tendrán el corte en común, si no también una filosofía, la de abaratar costes.

El Vestido Imperio

Nace tras la Revolución Francesa (1789) como respuesta al Vaquero a la Inglesa. Muchas veces se dice que nace como respuesta de un pueblo cansado de las frivolidades y exageraciones de la monarquía, buscando simplificar el vestuario y con ello los costes. En cierta forma es cierto, pero lo cierto es que Maria Antonieta ya empezó a usarlo en la última época de su vida cuando, con sus tres hijos, jugaba en una pequeña casita en los jardines de Versalles simulando que era una granjera, que mona.

Por tanto es un vestido de la época neoclasicista, una época en la que se intenta recuperar el arte, la arquitectura e ideas Renacentistas (los cuales imitaban a los griegos de la antigüedad). Esta época de ideas ilustradas innovadoras afectará a la moda y traerá la libertad del cuerpo, la eliminación del corsé. Los vestidos imitarán a las estatuas griegas tomando como una de las influencias el talle bajo el pecho. Se le llamará el Vestido Camisa, debido a que se parecía a la ropa interior que se usaba durante el siglo XVIII bajo los suntuosos trajes femeninos. Este patrón influirá en todos los grandes modistas del siglo XX…¿quien le iba a decir a Maria Antonieta que sería influencer no sólo en su época si no en las posteriores gracias a hacer el chorras en ropa interior por los jardines de Versalles?

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El Delphos de Fortuny

Vamos con uno de los grandes, porque si no conoces a Fortuny y no conoces el Delphos, no conoces la Moda, sí la Moda con mayúsculas. Pero si no sabéis de que hablo no os preocupéis, seré benévola y os lo explicaré:

Nace en 1907 y supone uno de los grandes hitos fundacionales de la moda contemporánea. Un hito que surgió gracias al ingenio de Fortuny, el cuál creó una técnica que al tratar la seda se hacían pequeños pliegues. Esto provocaba que las formas de un vestido sencillísimo se ajustaran progresivamente a las curvas del cuerpo femenino. La técnica estaba inspirada en los “paños mojados”, que fue la última época de la escultura griega en la que los artistas creaban figuras a las que se les adaptaba la ropa al cuerpo como si estuvieran empapados. Es una lástima que tan finísima, novedosa y trasgresora técnica se perdiera al morir Fortuny, ya que el diseñador no quiso desvelar la técnica, una técnica que con los  avances de hoy en día todavía no se ha conseguido reproducir. En los años 80 y 90 volvió un intento de hacer algo parecido con los vestidos strech, un intento bastante más vulgar y evidente. Y, si mi memoria no me falla, también hace unos cuatro años se llevaron las faldas con tablas estrechas imitando al vestido de Marilyn Monrroe, ahí tenéis otra influencia… Yo, personalmente, ni Marilyn ni los strech, yo me quedo con el Delphos.

 

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El vestido Flapper

Es el vestido de “los locos años 20”, mi época en lo que se refiere a moda y arte preferida. Nace debido a que al estallar la I Guerra Mundial la mujer cambia sus hábitos sociales: empieza a trabajar. Y esto lleva a que la mujer, al necesitar ir cómoda y tener una vida más activa, ya no puede ir como un pastel, ni gastarse el dinero que se gastaba para ir como un pastel. Os hago un inciso para explicaros que antes de la I Guerra Mundial hay una vuelta a los cancanes y la silueta romántica explicada en el post anterior. Al finalizar la guerra el conocido Vestido Camisa se estiliza algo más y aparecen las lentejuelas, ya que en los años 20 se celebra con brillos el final de la guerra y se intenta olvidar la miseria pasada a través de los mismos…y a través del alcohol, mucho alcohol. Se trata de un vestido con el talle más bajo, a la cadera, pero con esa idea de simplificación y libertad del Traje Imperio. Con esta simplificación de los patrones nacerá el prêt-à-porter, y con ello la moda contemporánea como la conocemos hoy.

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Por tanto, los desvaríos de una mujer en ropa interior apunto de quedarse sin cabeza, desencadenarán vestidos tan básicos como el Delphos y el flapper, que a su vez crearán vestidos que ya pertenecen al imaginario colectivo, como el de una mujer también enseñó su ropa interior, Marilyn Monroe. ¡It´s so flabbergasting!

Ahora en serio.Realmente el mundo de la moda se basa en crear algo transgresor que luego se copia intentando reinventarlo… Como veis este apartado es muy significativo para lo que os quiero explicar: partimos del vestido de la Antigua Grecia que llevó a influir en la simplificación a lo largo de la historia de la moda, y como de esa influencia de la simplificación nos llevará el prêt-à-porter, algo tan básico que si no existiese tendríamos que seguir haciéndonos trajes a medida.

Modamorfosis: 3 relaciones y 8 vías de patronaje.

¡Hola de nuevo! He de comentaros un cambio de rutina en el blog: hasta ahora los martes he hecho un post sobre Asesoría de Imagen y los jueves o viernes (dependiendo de como fuera de tiempo) os hacía un artículo de moda (de vestuarios de cine, tendencias, periodísticos…) Pero me he dado cuenta que sería muy interesante para vosotros que dominarais algo de historia de la moda, porque para apreciar el presente hay que conocer el pasado.Vamos a dar historia de la moda, si señores, pero de forma práctica y dinámica, no pienso ponerme en modo libro de historia aburrido. Pero para hacerlo divertido haremos tres relaciones, que publicaré entre hoy y el viernes de la semana que viene, de acuerdo a ocho tipos de patrones que se han repetido a lo largo de la historia. Porque a pesar de que vamos de modernos, la moda actual, la icónica de años pasados y los trajes previos al siglo XIX son todos primos hermanos. Deciros que esta idea no es íntegramente mía, está basada en la magnífica exposición del Museo del Traje de Madrid “Modamorfosis”, la cual estará hasta el 29 de Mayo y que os aconsejo que vayáis a visitar tras terminar este apartado la semana que viene.

¡Aviso para los más académicos! Las relaciones que voy a hacer no están ordenadas por cronología si no por sus características comunes, ya que es mucho mejor conocer la historia de la moda por las relaciones de los distintos tipos de siluetas más que por las fechas.

Historia del traje e historia de la moda.

Para empezar tenéis que tener claro dos conceptos: historia del traje e historia de la moda, son diferentes. La historia del traje es la que se desarrolla desde el principio de nuestros días hasta el siglo XIX, que es cuando se considera que nace la Alta Costura. ¿Porque el siglo XIX? Porque en 1858 Fréderick Worth crea el término Couture y asienta las bases de la misma. Ya que hasta éste momento no existían ni el concepto de diseñador (eran modistas anónimas) y tampoco se creaban colecciones de vestidos cerradas ni se presentaban al realizarlas a las clientas, es el nacimiento de la pasarela. También debéis saber que muchos de los patronajes básicos de la historia de la moda ya habían sido creados antes del siglo XIX, pero no el concepto de moda como lo conocemos hoy.

PRIMERA RELACIÓN: PATRONES DE VOLÚMENES

Hoy os  voy a hablar de dos tipos de patrones pero que ambos a pesar de no ser exactamente lo mismo se basan en la búsqueda del volumen, el uso del corsé y ambos se volverán a reutilizar en los años 50. También tienen en común que serán una silueta clásica usada durante toda la historia de la moda para la realización de trajes de novia.

Patrón I: El vaquero a la inglesa

Una vez que sabéis esta cronología básica empezamos. La primera relación que he hecho es la de los patrones basados en volúmenes y rematados con cola.

Esta silueta se crea en la época Renacentista, pero es en la Francia del siglo XVIII cuando se estabiliza como una moda con el nombre de Vaquero a la Inglesa. Es la época de Luis XIV, el rey Sol, es la época de las pelucas y tocados de María Antonieta. El vaquero a la inglesa consistía en un vestido largo hasta los pies con apertura por delante y rematado por una cola, además de un pronunciado escote.

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Esta silueta se retomará en los años 30 con los glamurosos vestidos de las divas del cine, alargándolo aún más la silueta al usar colas más prolongadas. En los años 50 con el New Look de Dior se buscará de nuevo los volúmenes en las caderas.

vestidos de los años 30 para mujeres largo  

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Patrón II: El vestido romántico

Conocido por el uso de miriñaques para crear una silueta acampanada y creado a mediados del siglo XIX, trajo la vuelta al corsé dejando atrás la silueta más libre del vestido imperio.

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Al igual que el vaquero a la inglesa, se reutilizará en los años 50 por Dior y Balenciaga buscando crear de nuevo juegos volumétricos.

 

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El martes continuaremos con el patrón de inspiración clásica como puede ser el traje imperio o el Delphos de Fortuny.

 

La mujer Ochoa: Dos tipos de mujer, dos destinos.

¡Hola a todos! Ayer estuve de exposiciones y me acerqué a ver “La Mujer Ochoa: Modernismo y Modernidad” al Museo Cerralbo de Madrid. No sólo considero que el museo es digno de conocer, ya que es un palacio de finales del siglo XIX, el cuál casi puede visitarse íntegramente, si no que creo que esta pequeña exposición es muy interesante para ver la importancia de la geografía en la evolución de la mujer durante el principio del siglo XX. La exposición se ha llevado a cabo para celebrar el 125º aniversario del nacimiento del pintor Enrique Ochoa, prolífico artista y dibujante destacado por sus ilustraciones en las revistas Blanco y Negro, La Esfera o Nuevo Mundo.

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La exposición cuenta con 46 obras, algo breve para mi gusto, pero está montada con gran gusto y perfección museística. Antes de ir, me preparé la exposición, y lo que me contaban todos los artículos era el desarrollo de la obra de Ochoa y como este representó a la mujer moderna de principios del siglo XX. Cierto es que Ochoa fue un dibujante único, mejor que pintor en mi opinión, con una dilatada evolución estilística que comprende desde la figuración, pasando por el estilo decó y el expresionismo, y terminando con la abstracción, siendo precursor incluso de Pollock al final de su obra. Pero dejando términos artísticos a parte (como me tira la deformación profesional), también es cierto lo que se dice en muchos artículos que es una gran oportunidad para ver los detalles que representan a la mujer de los años 20: el vestuario, el maquillaje, la pose frente al artista… Todo ello muestra una nueva sociedad en París tras la Segunda Guerra Mundial y cómo la mujer de allí se libera, nacen los “Locos años 20”. Es cuando se produce el nacimiento de la mujer “flapper”, como contaba en mi anterior artículo: es cuando Chanel acorta las faldas, impone la bisutería, aparece el “Little Black Dress” y la ahora super tendencia del pelo a lo “garçon” o corte “Bob” (Coco Chanel: Mito y realidad).

             

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Independientemente de esto, que tiene un gran interés, a mi de la exposición me llamó mucho más la atención otro aspecto que no he visto recogido en los artículos culturales sobre la exposición. Pongámonos en situación: Enrique Ochoa nació en El Puerto de Santa María (Cádiz) y desarrolló prácticamente toda su carrera artística en España, en 1918 hace un viaje a París y se establece allí entre 1936 y 1939. En París contacta con las vanguardias y los pintores exiliados que allí residían, como pueden ser Picasso, Apollinaire o Paul Éluard. Pero a Ochoa lo que más le llamó la atención de su nueva vida fue la diferencia de la mujer francesa y la española en los años 20. Se observa en la exposición el contraste de dos tipos de mujer: la española todavía muy unida a la tradición y el conservadurismo, vestida con mantilla y peineta, y la francesa de los años 20, con pelo corto, fumando, con trajes cortos y atrevidos posando insinuante para el artista. Esta diferencia es lo que llamó la atención de un retratista de mujeres como Ochoa. Así, se ve en las ilustraciones para revistas que hace el artista habiendo visitado ya París, a mujeres con vestuario algo masculinizado fumando en pipa con la indicación en el título que fue una imagen captada en París. En mi opinión, esto es lo interesante de la exposición, ver lo diferente que era ser mujer en dos ciudades grandes, pero muy diferentes en cuanto al tipo de sociedad, como Madrid o Barcelona y París.

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Os invito a que hagáis vuestra propia reflexión y visitéis esta magnífica exposición en el Museo Cerralbo que estará a vuestra disposición hasta el próximo 26 de abril. Una exposición que me ha dado la posibilidad de unir mis dos grandes pasiones: Arte y Moda.

 

 

 

 

Coco Chanel: mito y realidad

Hoy hace un mes que empecé a escribir este blog y para celebrar mi “mesversario” he querido hablar de alguien que para mi fue, es y será una grande de la moda: Coco Chanel.

Para hablar de una grande prefiero no centrarme en su biografía, de la cuál hay miles de libros y algunos realmente bien escritos. Me parece más interesante hablar del mito creado al rededor de su figura, de sus contradicciones constantes y de lo que aportó al mundo de la moda. Todo ello, sus equivocaciones y aciertos, mentiras y verdades, momentos de felicidad y tristeza, hicieron de una muchacha huérfana una mujer valiente que cambió la forma de vida de la mujer contemporánea.

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Una buena manera de ver la evolución de este personaje, y las leyendas que ella muchas veces propició, es observar como fue cambiando progresivamente su nombre. Coco Chanel fue registrada erróneamente como Grabrielle Chasnel debido a que su padre, Albert Chanel, no estuvo presente para firmar el acta de nacimiento de su hija. Por otro lado el apelativo Coco, se lo otorgaron los militares que visitaban  el café-concert de Moulins llamado La Rotonde, donde ella trabajaba, en la que cantaba una canción algo subida de tono para la época en la que decía: “Ko ko ri ko» y «Qui qu’a vu Coco?“. La gran Coco Chanel tuvo que ser enterrada como Gabrielle Chasnel, un nombre que ella intentó borrar, como tantas otras realidades, porque le recordaban su pasado humilde.

Quiero explicar la controversia del mito de que era una mujer que apoyaba la independencia de su género. Si bien es cierto que creó un imperio con su nombre y llegó a ser una mujer independiente económicamente hasta un nivel insospechado, también es cierto que creó ese imperio gracias a la ayuda de dos de sus ricos amantes: Étienne Balsam y Arthur Edward Capel (más conocido como Boy). Una muchacha de su origen que, debido a su carácter y diferenciación de las demás señoritas, llegó a los círculos más altos y gracias a ello conoció a dos adinerados militares que la llevaron a iniciar una pequeña boutique en el centro de París. Ciertamente esta boutique comenzó para entretener a una jovencita Coco, que no dejaba de tener una vida como las demás señoritas de alta alcurnia (aunque ella no lo fuera), pero que tenía una inquietudes laborales que las demás no compartían.

Como ya os he comentado parte de su vida sentimental (hubo muchísimos más amantes), y ya que he prometido hablar de la verdad al rededor de Chanel, hablemos de su parte más oscura y uno de sus “affaires” más escandalosos, que para muchos hace que caiga el mito. La modista mantuvo una relación durante la Segunda Guerra Mundial con el general Walter Schellenberg de las SS, para el que trabajó como agente de la Gestapo. Como ya he dicho, Chanel fue una mujer fuera de su tiempo que llegó a ser espía en una época en la que había pocas mujeres desarrollando este tipo de actividad. No intento defender para el organismo que trabajó, pero también hay grandes modistos que trabajaron para los nazis como es el caso de Hugo Boss.

Gabrielle tenía un gusto especial y distinto al de la época. Creía que la mujer debía de ser más sobria y elegante, buscó eliminar el exceso de adornos y que fuera más cómoda. Como veis, esto, no deja de ser una propuesta muy feminista para la época, ya que a la mujer se la adornaba y no se buscaba su comodidad porque se pensaba en su look como si de un jarrón se tratase: quieta y vistosa. La creadora de “menos es mas” buscaba en la mujer un estilo más natural, que se viese a la mujer y no al vestido, buscaba un look para una mujer activa, mas propia del siglo XX. Hay que recordar que Coco nació en 1883, y que el incio de su vida la vivió en la Belle Epoque, donde las mujeres seguían usando corsé y sombreros rebuscados, además de sombrillas y guantes. Ante esto ella se rebeló, siendo la primera mujer en llevar pantalones o el pelo corto, el cuál luego se hizo característico y el emblema de la feminidad en los años 20.

Este espíritu rebelde la llevó a “reestilizar” los sombreros de las mujeres de la alta sociedad por encargo de conocidas y amigas, es cuando nacieron sus famosos y sobrios Canotiers. Fueron el inicio de los diseños Chanel. Estos sombreritos cambiaron la estética de la época: se pasó de usar grandes pamelas extravagantes a los sombreros sencillos de paja planos con una sencilla cinta negra como adorno.

Audrey Hepburn luciendo un canotier Chanel.

Como ya he dicho antes, fue la primera mujer en utilizar pantalón. Empezó usando los pantalones de montar de Balsam, el cual sufría críticas por estar con una mujer de su posición que aparecía en las reuniones sociales con pantalones. Todo empezó porque a Grabrielle le gustaba muchísimo la equitación y no se sentía cómoda montando con vestido…a sí que empezó a usar para montar los pantalones de su amante y de ahí lo empezó a utilizar como una prenda más. Gracias a ella hoy es normal que una mujer utilice pantalón. Le costó críticas, desaprobaciones de todo tipo, pero gracias a ella hoy las mujeres decidimos entre falda y pantalón, una opción que en su época de juventud no existía.

  

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También revolucionó el mundo del textil en la vestimenta femenina. Renunció a las sedas, rasos y terciopelos para apoyar la ropa de punto y lana. Unas telas que en la época sólo usaban los hombres, normalmente para hacer deporte, y las campesinas. Y, hablando de deporte, ella fue la primera modista en diseñar ropa de deporte femenina…porque si, efectivamente, antes las mujeres no debíamos hacer deporte para no ponernos enfermas, no fuese a estropease el jarrón.

También es muy característico entre sus diseños el conocido “Little Black Dress”, una prenda que antes de popularizarlo Chanel sólo lo usaban las viudas. Al enviudar ella, cuando murió su gran amor Boy, empezó a introducir la idea del vestido básico negro como prenda tanto de vestir como más “casual”, ¿quien de vosotras no tiene un vestido negro en su armario?

 

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También hay que resaltar que Coco Chanel puso de moda las perlas, sí, ¡pero de bisutería! No os vayáis a pensar que esos enormes collares de perlas que llevaba eran auténticas…Fue la primera vez que la Alta Costura se lucía sin joyas auténticas, algo que actualmente se hace muy a menudo en las grandes pasarelas y desfiles.

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De una niña huérfana poco agraciada a una mujer elegante con sello propio y con todo un imperio levantado por su talento: Coco Chanel, una mujer que consiguió sobrevivir en su época y permanecer en la historia.

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